domingo, 13 de septiembre de 2015

La Verdad duele


Siempre que hablo lo hago desde mi experiencia. Soy consciente que mi realidad sólo puede contener y conocer aquello que he experimentado en mí. No se puede conocer el odio y el amor en los demás sin haberlo experimentado en uno mismo. Es por esto que el exterior siempre es el reflejo de nuestro interior. Las cosas pasan ahí afuera, pero de las interpretaciones somos nosotros los responsables.

Yo no soy un psicólogo, pero conozco la mente humana, ¿por qué? Porque conocí la mía: me dí cuenta de mi lado perverso, del malo, del que funciona por interés, me vi odiando, me vi envidiando, me vi intentando aparentar, me vi haciendo daño, me vi haciéndome el bueno, me vi engañando, me vi juzgando... Me di cuenta que era prisionero de la ilusión queriendo hacer de mí un modelo aceptado por la masa social, viviendo en la constante competencia e insatisfacción de buscar el reconocimiento y el éxito, y en el miedo a ser rechazado. Era una víctima de la inconsciencia. Me observé también en todo tipo de situaciones, y pude advertir que yo no había elegido eso. Yo era un autómata controlado por las circunstancias. Era de una ideología política por culpa de amigos, era de un equipo de fútbol por culpa de la familia, estudiaba ciencias jurídicas por culpa de la sociedad, y era ateo por culpa de la ciencia.


Si yo no he sido dueño de todas esas circunstancias y casualidades, ¿por qué juzgamos a los demás, condenando lo opuesto? La respuesta es muy sencilla, y está en la IGNORANCIA. Llegar a hacerme esta pregunta requiere de Humildad, Valentía y Voluntad (El acto de voluntad), pero me centraré en la Humildad como el mayor atributo del Sabio. El ego es en todo caso prepotente y protagonista, y la humildad no la traga, no obstante siempre presumirá de humildad por lo bien que suena socialmente. El primer gran paso hacia la sabiduría es la Humildad porque siendo Humilde no hay nada que perder y mucho que ganar. Si nada sabes, mucho tienes por aprender, pero si ya todo lo sabes no te queda nada que aprender. Así ocurre al ego que vive en una realidad muy real, está seguro que lo absoluto es su realidad y la defiende mediante las razones que soportan su realidad, mientras que el Ser y la Humildad comienza a asomar la cabeza cuando adopta “Todo es posible hasta que se demuestre lo contrario” haciendo su realidad más flexible para poder integrar información de otras realidades que están por conocer.

Mientras el Ser desde su Humildad ve a todos como hermanos que vinieron desde un mismo lugar pero interpretando papeles distintos según sus circunstancias, el ego desde su protagonismo le duele aceptar que su individualidad y especialidad es sólo fruto de su mente. Esto es en realidad la diferencia entre la consciencia y la inconsciencia, entre el que conoce las reglas del juego y el que anda perdido buscándolas. Todos poseen conciencia e inteligencia, pero pocos la consciencia para reconocerse en el tablero del juego.

Hay una norma que todo encontrador de Verdades ha de tener siempre en cuenta: no todo el mundo está preparado ni quiere afrontar la Verdad. La Verdad es dolor, y es sufrimiento. Y esta es nuestra cruz. ¿ Por qué? Porque atenta contra nuestro ego al cual estamos sumamente apegados. La Verdad nos trata de imbéciles cuando nos creemos inteligentes, nos trata como inútiles cuando nos creemos útiles, nos trata como polvo cuando nos creemos dioses. La Verdad sienta como una bofetada en la cara, y nos hace rebotarnos enfurecidos. A nadie le gusta salir de su zona de confort. ¿Acaso a alguien le gusta que le digan mientras está en su casa con su TV Plasma que es cómplice de toda la barbarie que ocurre al otro lado del mundo? ¿que quienes predican su salvación son precisamente quienes os tienen esposados? ¿Que su éxito económico o académico es gracias a la represión que sufren otros? Pues aquí reside el problema, y aquí mostramos el camino que hemos escogido: el de la consciencia del Ser, o el de la inconsciencia del ego. La Verdad sólo puede ser escuchada desde la Humildad, porque desde la Nada donde se encuentra ésta el Todo cobra sentido y la Verdad, entonces, se revela.

No intenten enseñar a alguien que rechaza La Verdad porque supone un despilfarro de energía que podemos invertir en nuestro caminar, y porque puede en todo caso ser sumamente peligroso ya que no hay nada peor que un ego que siente su realidad amenazada. Quien quiere seguir en su realidad egoica es su decisión, tan aceptable como cualquier otra. Todo Ser le llega finalmente su momento. Es obvio que el que conoce tiene la necesidad de compartir, pero hemos de compartir a quien nos lo pida, a quien lo necesite realmente. Entregar más allá de esto, es sólo un deseo egoico que nos puede resultar bastante caro. Yo, mismamente, he sufrido de ésto, por dar a quien no debía dar. En esto cobra sentido que en las escuelas esotéricas el conocimiento se preste de forma gradual y escalonada, y en que éste conocimiento se considere por muchos como oculto.

Venimos aquí a experimentar el olvido y la inconsciencia y sólo mediante el sacrificio del ego podemos volver a casa. Hay cosas en las que no me gusta entrar a valorar porque se trata más de creencias y opiniones personales que de certezas, y es el tema de Jesús el Cristo. Lo que sí tengo por seguro y poseo la certeza es que en los evangelios tanto los considerados santos por la Iglesia Católica como los apócrifos hay mucho Arte y Sabiduría para extraer, y que la historia de este hombre supuso un gran destello de luz además de una piedra en el talón para muchos. En esta historia, real o ficticia, con la que hemos nacido, un hombre sacrificó su vida en la cruz por nuestros pecados para luego resucitar de entre los muertos. Nuestra cruz es nuestro ego que debemos perdonar por el daño causado a nosotros y a los demás en la inconsciencia mediante el Ser y así salir de la inconsciencia(muerte) a la consciencia (Vida). En las escuelas esotéricas esto se le llama el renacer. Sacrifiquen su individualidad y conocerán de dónde vinieron y hacia dónde van. Serán entonces, la individualidad (el hijo), y la colectividad (El Padre) que caminarán siempre enlazados (Espíritu).

Seamos Humildes, seamos Cristos, seamos Verdad.