viernes, 18 de diciembre de 2015

Solidificación



Las cosas se aceleran. Veo como gente comienza a despertar, sin embargo parece que otros son atrapados por el fango de la inconsciencia. Veo a unos creando, dejando su huella, los veo más flexibles, se diluyen, y veo a otros cada vez más toscos, rígidos y vencidos. Veo por un lado Artistas creando y por otro lado a máquinas imitando. Unos se hacen más imprevisibles y sorprenden, otros, sin embargo, cada vez son más previsibles y acatan órdenes.

Será consecuencia de la naturaleza cuántica, todo adaptándose a cada sujeto, recreando el espacio de interacción. Lo que antes era gas ahora se vuelve líquido, y lo que antes era líquido ahora es sólido. Aparecen pues, otros actores en escena, representando el gas, y dejan el escenario los que antes eran materia. Tal vez sea una consecuencia natural, pero el “las cosas son así” ahora están un peldaño más arriba, e igual que cuando vemos una puerta no tratamos de traspasarla y la abrimos, cuando se encuentren un "programa" humano que interfiera con nosotros tendrán que echarse a un lado o apartarlo pues ya conocerán o al menos podrán conocer su manual de uso y funcionamiento.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

"La vida es así"

Tuve que asumir la “realidad”. Tuve que asumir que todo humano no es más que una máquina sin voluntad a merced de sus circunstancias y con ello me vi incapaz de juzgar a buenos y malos, tuve que gritar a dios que parase ya su juego macabro, pero nadie contestó, no había un oído que escuchara y asumí su ausencia. Tuve que asumir que la conciencia humana no es más que una burda casualidad de interconexiones neuronales, un contrasentido de la naturaleza, que al fin acabará cayendo en la negrura infinita de la muerte. Tuve que asumir que cada acto humano era un acto interesado, donde la consideración al prójimo era un negocio, donde el respeto se ganaba influyendo miedo, dónde la libertad se compraba, y donde algunos eran buenos para ir al cielo. Tuve que asumir la limitación del humano, tuve que ceñirme a la experiencia, y no dar veredictos sobre cuestiones relativas y subjetivas pues toda palabra humana sobre dichas cuestiones eran pura idiotez. Tuve que estudiar libros inhumanos y leer prensa de actualidad para no sentirme un ignorante. Tuve que aceptar la incomprensión de la disidencia y la comprensión de conveniencia. Tuve que aceptar la “objetividad” como la subjetividad colectiva, y tuve que aceptar que la verdad era la idea del más poderoso. Tuve que aceptar el poder del odio como una buena herramienta de supervivencia, y el adoctrinamiento y la violencia como una necesaria medida de defensa. Tuve que asumir que el humano es un trozo de carne miedoso y manipulable que se vende al mejor postor. Asumí que nadie tenía valor de replantearse nada, que lo más sencillo era seguir en la apatía del burgués. Tuve que asumir que eramos polvo engreído nublados por la razón de creernos con potestades sobre todo lo creado. Tuve que asumir que era necesario el maltrato animal, y que era imposible que cesara el maltrato al propio humano y al planeta. Tuve que asumir el libertinaje y las posesiones como el objetivo primordial del humano. Tuve que asumir que todo avance social era por un motivo de defensa y de poder, y que el altruismo era una estrategia de inversión. Tuve que asumir que nunca podremos salir de este círculo de recurrencia, pues los que te dan las soluciones necesitan crear los problemas. En definitiva asumí lo “real”, “la verdad”, “lo palpable”, “lo racional”. Asumí que “la vida es así”.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Unidades de Carbono S.A.


Antes de de ser consciente de El Camino, observaba todas las conductas y acontecimientos humanos desde una perspectiva más alta, y las imaginaba como energía moviéndose de acuerdo a una lógica que no podía comprender. Por ejemplo una manifestación en la calle, podía corresponder a una acumulación energética con un propósito de hacer funcionar algo que no podemos comprender, así como una batería puede hacer girar las aspas de un ventilador. De esta forma sentía que absolutamente TODO tenía una importancia esencial, un contenido, que había que descubrir, mientras que lo superfluo de la forma era baladí. El hecho de manifestarse perdía importancia pues sólo era una forma que bien podía ser cambiado por una concentración de gente por un partido de fútbol, mientras que el contenido y la sustancia derivada de ese acto cobraba toda la importancia. Empecé a observarme y a interpretarme en el baile de energías y me ví siendo arrastrado por muchas corrientes, de un lado para otro, sin un momento de descanso. Era como una disputa violenta por mi posesión. ¿A quién le pertenecía? Posteriormente me di cuenta que todas esas corrientes que tratan de poseerte tenían algo en común, un superior a ellos, una energía que los contiene a todos y que los protege como un padre a sus hijos, y como tal no le importa quien posea pero que posean cuanto más mejor.