jueves, 28 de enero de 2016

Cielo e Infierno



Mucho se habla sobre el cielo y el infierno. Esto son arquetipos implantados por las religiones que, comúnmente, distraen a todos los creyentes. Por un lado se nos representa el cielo como el paraíso custodiado por Dios. Por otro lado se nos representa el infierno, lugar de sufrimiento y custodiado por el Demonio.

Desde siempre he visto esto como bastante incongruente y lo he rechazado de lleno. No podía entender la arrogancia de esos creyentes que se sienten salvados del fuego eterno, sólo por ir a misa los domingos con la resaca de la madrugada del sábado, por cantar un padre nuestro para aprobar un examen, o por llevar un rosario de oro colgando del cuello.

Ese miedo a la muerte es lo que te lleva a agarrarte a cualquier cosa que te de un motivo de esperanza. Pero ese miedo es, sin lugar a dudas, consecuencia del distanciamiento de Dios. He llegado, incluso, a escuchar, a creyentes, decir que lo son “por si acaso existe”. Es tal la confusión que algunos no pueden concebir a Dios sin enlazarlo automáticamente al dibujo religioso. En este sentido, creo que un ateo está más cerca de Dios que el propio creyente, porque dentro de su engaño, al menos, es sincero, y más valiente.

lunes, 18 de enero de 2016

Gracias a los non gratos



Son aquellos que se alejan de ese estado de calma y de coherencia, los que empiezas a dejar a un lado, los que poco a poco vas soltando porque ya no los necesitas, pues la simbiosis empieza a ser defectuosa, irregular y problemática. Un tiempo estuviste con ellos, discutías con ellos, te sentías integrado en ellos, si algo discrepabas, se lo discutías, te peleabas con ellos, luego te reconciliabas, podías odiarlos y ser su enemigo, o podías defenderlos y tener una relación de camaradería. Pero van cambiando las cosas, porque entre tanta inestabilidad, se producen los choques suficientes como para darte cuenta de la estupidez, el sinsentido, la inutilidad y la mecanización que a veces puede llevar a la barbarie humana. Comienzas a obtener certezas en tí mismo de tal grado que ya no necesitas defenderlas, porque ahora todo es demasiado claro, mientras que los otros siguen achuchando e increpándote a que te pronuncies para encajarte en su escena teatral, porque necesitan saber que hacer, necesitan saber cual es la reacción que toca efectuar cuando tú invadas su esfera. De esa forma los ves, los sientes, están ahí, pero se alejan, porque perdieron el poder de decisión, rebotan como una pelota de tenis. Ahora ya no los ves como actores, sino que forman parte del paisaje del escenario.

viernes, 1 de enero de 2016

FELIZ 2016



Ha terminado un año importante, como todos, pero con ciertos acontecimientos personales que han forjado en mí un fuerte espíritu. Se ha ido un año más y ya hemos entrado en otro, todo sigue igual, dando vueltas, pero hay algunas cosas que considero que ya deben cambiar y que hay que romper esa recurrencia para seguir avanzando. A nivel individual he sido consciente del cambio pero ahora queda hacerlo en la generalidad.

Estoy cansado de esta sociedad hipócrita y ególatra, propia de una película de ficción, donde lo más cómodo es crear enemigos para evitar ver en nosotros aquello que odiamos y tememos. Todos entretenidos en nuestra propia recurrencia donde los problemas son nuestro combustible, donde las palabras bonitas pero vacías acallan el silencio de una mirada clamando Verdad. Perdidos en los mares de la arrogancia y la apatía nos vemos grandiosos engreídos cuando surfeamos la cresta de la ola y nos invade el victimismo cuando nos atrapa. Si pudiéramos por un momento callar y mirar hacia dentro de nosotros y dejar de echar la culpa al prójimo... Es más fácil el placer de otorgar la responsabilidad a políticos y poderosos, a la naturaleza y a dioses. Así seguirán gobernando, administrando y disponiendo los de siempre, aquellos que siempre tienen una solución para todo y por eso te cautivan, callas y obedeces. Y precisamente para seguir dando soluciones requieres de la creación de problemas, los cuales sufrimos nosotros, no ellos. Mientras tanto nos toca comernos con resentimiento e impotencia el "la vida es así".